Es un deporte sencillo, sin reglas complicadas ni equipamiento demasiado complejo. Así pues, es un deporte fácil de practicar (cada uno a su manera y cada uno según su nivel) y es fácil apreciar el mérito de aquellos que juegan mucho mejor de lo que lo haría uno mismo. Ver equipos de jugadores profesionales en acción, que juegan a un nivel físico y táctico elevado, tiene interés para la mayoría de la gente que alguna vez en su vida ha chutado alguna pelota. Esto en lo que respecta a la vertiente puramente deportiva.
Por otro lado, existe la vertiente de competición. Se organizan un hartón de competiciones de carácter anual con encuentros periódicos, además de torneos entre selecciones de países cada cuatro años. Ya no se trata únicamente de contemplar buenas jugadas, sino de sentirse parte de los seguidores de un equipo (como quien es más de Charmander que de Pikachu, por capricho o por tradición de tu entorno), adquirir consciencia de seguidor y acatar todo lo que ello significa: principalmente, desear que el equipo del que te sientes parte gane todos los títulos y competiciones posibles, e integrar fuertemente este deseo en tu modo de vida. Igual que hay quien siempre tiene presente un pensamiento hacia su chica, el seguidor de un equipo siempre piensa en la situación y las posibilidades del equipo de su corazón. Además, cada equipo tiene sus rivalidades a muerte con otros equipos, ya sea por tradición o por motivos pseudopolíticos. Seguir a un equipo implica, en gran parte, sentir repulsión hacia otros equipos concretos, ya sea de forma inducida o porque “el otro equipo odiaba al mío, primero”. Estos sentimientos se pueden vivir de forma muy seria o de forma más distendida.
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